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Quito; Bernal; Córdoba, Tunuyán; Barcelona; etc. (y todo otro lugar del mundo donde existan buenos vinos), Buenos Aires (Pcia. y Ciudad Autónoma); Córdoba (Argentina); Pichincha (Ecuador); Tunuyán (Mendoza);, Argentina
y además de enólogos, también al mismo tiempo psicologos, sommeliers, geólogos, licenciados y técnicos, de Argentina repartidos en el mundo

sábado, 12 de marzo de 2011

Leyenda persa sobre el origen del vino

Leyenda persa sobre el origen del vino


(El rey Jamsheed, imagen tomada de Wikipedia)

Las tradiciones orales que nutren a la humanidad desde sus remotos orígenes proliferaron en infinitas leyendas. La motivación siempre fue transmitir y preservar la sabiduría de los pueblos antes de la invención de la escritura. Un evento tan trascendente como la invención del vino generó incontables relatos populares. Entre ellos se destaca la leyenda persa, originada en el Cáucaso, allí donde se afirma surgió la primera “vitis vinífera sylvestris”.

Cuentan que en la antigua Persia, hace varios milenios, el rey Djemchid (1) gustaba muchísimo de las uvas, tanto que exigía tener siempre cerca una tinaja con racimos. Sus sirvientes se esforzaban por abastecer la cocina real con diferentes tipos de uvas, originados en diversos parajes del reino, a fin de que el soberano tuviera durante todo el año su fruta favorita.

Las frutas se almacenaban en tinajas de barro. Una vez sucedió que una de esas vasijas fue olvidada en un rincón, y pasadas unas semanas, un sirviente la halló. Al destaparla se observó que la mayoría de los granos se habían roto liberando el mosto y en el fondo del recipiente se había acumulado un líquido turbio y burbujeante, de un olor extraño y picante desconocido para sus sentidos. Desconociendo el proceso que había ocurrido, pero temiendo que fuera algo nocivo, apartó dicha tinaja, la precintó y le colocó un cartel con la palabra “veneno”.

El rey habitaba en su palacio con un harem de numerosas esposas. La leyenda que relatamos aquí tiene dos versiones. Una de ellas cuenta que una de las esposas estaba muy deprimida, porque el rey evitaba su compañía debido a su caracter triste y melancólico. La otra versión relata que esa princesa vivía atormentada por frecuentes dolores de cabeza, para los que no encontraba cura. Cualquiera fuera la explicación correcta, la historia no relata que esta princesa, cuyo nombre se perdió en los laberintos del tiempo, decidió terminar con sus penas, suicidándose.

Una instancia fue tomar la decisión: otra, encontrar cómo llevarlo a la práctica. Se dice que subió a la torre más alta, pero no pudo arrojarse al vacío por el oportuno conjuro del vértigo, tal vez por temor quedar horriblemente desfigurada. Algo similar le ocurría con las dagas o las espadas, que le producían temor y rechazo. Pero un día, en que la depresión o la jaqueca se tornaron insoportables, corrió a la cocina del palacio para buscar un cuchillo cómplice de su delirio autodestructivo. Mientras escudriñaba en los escaparates, descubrió la tinaja que el encargado de cocina había apartado. Titubeó un poco, y bebió parte del “liquido-veneno”.

Lejos de sufrir los terribles dolores que imaginaba precedían a la muerte, la embrigó una sensación de bienestar que le hizo olvidar sus penas. La depresión o la jaqueca desaparecieron, y corrió entonces por el palacio, feliz, cantando y danzando. Pronto llegó a oidos del rey la noticia de la prodigiosa cura. Intrigado, el rey Djemchid ordenó que acudiera inmediatamente. Le preguntó sobre los hechos, y la princesa le contó de su padecer, de su decisión mortal, de la tinaja y del supuesto veneno.

Extrañado, él también bebió de la mágica pócima y experimentó sus sorprendentes efectos. Cuentan que entones el rey decretó que parte de las uvas cultivadas en Persépolis se emplearan en la elaboración de vino,  desde entonces ese zumo fermentado fue llamado "medicina real" y tenido en la más alta estima por los persas.

Joven persa virtiendo vino (mei en persa) en una copa, puede verse además sobre la mesa un melocotón (símbolo culinario de Persia). (Imagen tomada de Wikipedia)


Nota:
(1)  Jamshid, Yemshid, Jamsheed, Jamsed... en esta leyenda anónima hay tantas versiones de la historia como del nombre del rey

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