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Quito; Bernal; Córdoba, Tunuyán; Barcelona; etc. (y todo otro lugar del mundo donde existan buenos vinos), Buenos Aires (Pcia. y Ciudad Autónoma); Córdoba (Argentina); Pichincha (Ecuador); Tunuyán (Mendoza);, Argentina
y además de enólogos, también al mismo tiempo psicologos, sommeliers, geólogos, licenciados y técnicos, de Argentina repartidos en el mundo

jueves, 23 de diciembre de 2010

Syrah, 1ra. parte

Quiero compartir con ustedes esta nota que escribí hace un par de años, es un poco larga así que voy a ir posteando por partes. Luis

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Introducción


El Syrah es un cepaje muy particular, que hace apenas un par de décadas casi no figuraba en los censos de viñedos, ni pensar en encontrarlo en etiquetas, y en pocos años se difundió por casi todas las regiones vitivinícolas, llegando a casi 300 mil hectáreas distribuidas en los 5 continentes: Francia, Australia, California, Italia, España, Sudáfrica, Nueva Zelanda, México y por supuesto en Chile y Argentina, son algunos de los países donde podemos encontrar esta variedad. Prácticamente la mayoría de las bodegas tienen, o buscan tener, un Syrah para ofrecer. No solo eso, hasta algunas regiones lo están levantando como emblema, como sucede en Australia o en nuestra Provincia de San Juan.

Podría decirse que está de moda fundamentalmente por merito propio, que ganó a fuerza de agradables y singulares colores, aromas y sabores; lo que unido a un origen difuso y un nombre exótico, colaboraron en su difusión explosiva.

Llama la atención los diversos nombres con que se la llama: Syrah, Shiraz, Sirac, Syra, Sirrah, Syrac, Sirah, Petite Syrah, Schiraz, Sérine, Sérdne, Balsamina, Candive Noir, Entournerein, Hignin Noir, Plan de la Biaune. Son nombres que difieren de los de otras cepas clásicas francesas, que supieron reinar durante siglos en el mundo vitivinícola. Nombres que sin esforzar mucho la imaginación podían remitir a un exótico oriente. Por cierto que hasta hace unos años, al igual que con la mayoría de cepajes, no se conocía bien su origen, por lo que se podía especular acerca del mismo con cierta impunidad.

El caso es que el Syrah es, de las variedades cultivadas actualmente, una de las variedades más antiguas. Al menos desde hace casi dos mil años se sabe de su difusión en el sudeste de Francia, en el estrecho y sinuoso valle del Río Ródano (Vallée du Rhône), ubicado entre la mediterránea región de Provenza y la famosa Borgoña.

Orígen

Muchas teorías pretendían explicar su origen, y como fue que el Syrah encontró su hogar en el valle de Ródano. A pesar de sus matices podríamos agruparlas en dos versiones:



Una versión sostenía que el Syrah llegó, alrededor del Siglo II de nuestra era, con las legiones del Emperador Romano Probus, quien derogó una prohibición impuesta a los Galos por otro emperador, Domiciano, que ordenó arrancar la mitad de los viñedos de la región. Según esta teoría, Probus, habría traído al Syrah al valle del Rhône, junto a otras cepas.



Este emperador era a la vez un gran militar y un gran aficionado a la buena comida y bebida, que reclutaba para su servicio a los mejores cocineros de la época. Por esos años el imperio estaba en decadencia, jaqueado por los bárbaros, que hostigaban las extensas fronteras, por lo que las legiones debían trasladarse de un extremo al otro para enfrentarlos. Así, acompañando a legiones provenientes del oriente, y arrancada de viñedos egipcios, el Syrah habría llegado primero a la isla de Sicilia, más precisamente al puerto de Siracusa (Syracuse), de donde habría tomado el nombre, y de allí, y siempre junto a las legiones romanas, habría llegado al puerto de Marsella primero y al Rhône después.



La otra teoría, más popular, es que el Syrah se originó en la ciudad persa de Shiraz, situada al sur del actual Irán. Aquí el camino se bifurca. Por un lado se especulaba que alrededor del Siglo VI a.C., cuando los Persas intentaban invadir Grecia, un grupo de griegos huyó, fundando la ciudad de Marsella. Ellos habrían traído consigo a esta vid. No deja de sonar extraño, por no decir imposible, que los perseguidos lleven consigo vides del invasor.


Una variante de esta versión estimaba que fueron los Fenicios, los que en sus actividades comerciales habituales, habrían introducido desde Siria (otra similitud de fonética en el nombre) al Sirah en el sur de Francia.

Pero lejos, la más difundida y aún repetida por muchos a pesar de haber sido completamente refutada, en la que cuenta que los cruzados trajeron esta vid con ellos al regresar de Tierra Santa, vía Chipre, alrededor del Siglo XI d.C.. Esta especulación es la que dio pie a la tal vez más "creativa" (por llamarla de alguna manera) leyenda tejida alrededor del Syrah, y es la que sostiene que de esta variedad sería el vino utilizado por Jesús en su última cena. (Esta leyenda fue repetida hasta el cansancio y con creativas variaciones, como la que una vez escuché a un colega sanjuanino, que se confundió de anecdota cristiana y aseguró que era Syrah el vino de la Bodas de Caná?!?!?)


Estas teorías y su carga de poesía terminaron clasificadas como mitos cuando la genética brindó pruebas contundentes que dilucidaron el origen del Syrah. Durante la Convención Anual de la Sociedad Americana de Enología y Viticultura en San Diego, California, en junio de 2001, la genetista de la Universidad de California de Davis, Carole Meredith, y el ampelógrafo francés Jean-Michel Boursiquot, presentaron formalmente un estudio genético y ampelográfico que demostraba que el Syrah era una cepa indígena francesa, descendiente de dos cepas casi olvidadas de la región alpina donde confluyen Francia, Suiza e Italia, la Dureza y Mondeuse Blanche. Por otra parte el hallazgo de semillas fosilizadas de Syrah, en sedimentos del Río Ródano de varios miles de años de antigüedad, confirman el origen francés de la variedad. La ciencia vendría a confirmar otra teoría, casi descartada por carecer de exóticos orígenes orientales, viajes o guerras. Esta sostenía que sería una variedad originaria de la región francesa de Vienne (32 km al sur de Lyon, a la vera del Ródano) y su ancestro sería la misteriosa Vitis Allobrógica, citada por el historiador romano Plinio en el siglo I de nuestra era.

Dejando de lado mitos y leyendas, la historia cuenta que la ocupación Romana de las Galias hizo que el valle de Rhône prosperase como región vitícola, y los primeros vinos fueron exportados, sobre todo a Roma, alrededor del primer siglo de nuestra era. Esta exportación de vinos del Rhône fue creciendo para luego decaer, hasta prácticamente desaparecer, cuando los Romanos abandonan la región, alrededor del Siglo V d.C.. Afortunadamente, hacia el Siglo IX se registró un resurgimiento, cuando la Iglesia Católica comenzó a invertir en viñedos, y los monasterios empezaron a crean las primeras prácticas y reglamentos de viticultura y vinificación, que redundaron en una mejora de la calidad de los vinos de Rhône. Esta influencia de la Iglesia continúa y aumenta hacia el Siglo XIV, cuando el Papa Clemente V mudó la sede del papado lejos de Roma y lo estableció en Avignon, en el extremo meridional del valle de Rhône. Los siguientes nueve Papas residen en Avignon, hasta el Siglo XV y marcan indeleblemente el estilo de los vinos de la región, pero no fue hasta el Siglo XVII que los vinos de la región de Hermitage, elaborados 100 por ciento Syrah, ganaron renombre en París. Se dio el caso de que muchos comerciantes minoristas de vino empezaran a difundir la calidad y prominencia de los vinos del Hermitage, y llegaran a igualar, y en algunos casos sobrepasar a los precios de los mejores vinos de Burdeos y Borgoña.

La plaga de filoxera de fines del Siglo XIX, la guerra Franco Prusiana primero y las dos mundiales después, alejaron a los vinos del valle de Rhône del público. No fue hasta hace poco tiempo, cuando el crítico del vino Robert M. Parker Jr. comenzó a exaltar la alta calidad de la región, que el renombre y los precios comenzaron a levantarse. Como cuando dijo que “los momentos de mayor regocijo no fueron cuando tuve delante de mi una copa de Margaux o Petrus, sino un maduro Côte Rôtie o Hermitage", que se empezó a conocer y difundir la alta calidad de los vinos del Valle del Rhône, y de su uva de la estrella, el Syrah, en el mundo.

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